Visitadores amigos,

compañeros de oscuridades

y consumidores de ese gris marengo

que nos ha embargado

el más allá de nuestras narices,

bien recibidos sois en este paréntesis

donde una hebra de luz

está a punto de rasgar vuestras y mis cataratas;

pues que buena andadura os espera por esta isla

que ha dado amparo al penúltimo de los soles,

penúltimo resplandor,

penúltimo prófugo de no sé cuántas,

-por no tener dedos para contarlas-

 

ciegas derechuras:

negras estafas que crían caspa y mugre en sus entretelas.