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compañeros de oscuridades y consumidores de ese gris marengo que nos ha embargado el más allá de nuestras narices, bien recibidos sois en este paréntesis donde una hebra de luz está a punto de rasgar vuestras y mis cataratas; pues que buena andadura os espera por esta isla que ha dado amparo al penúltimo de los soles, penúltimo resplandor, penúltimo prófugo de no sé cuántas, -por no tener dedos para contarlas-
ciegas derechuras: negras estafas que crían caspa y mugre en sus entretelas.
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